Nos mudamos por trabajo y Mochi era lo que más me angustiaba. Me llamaron tres veces durante el vuelo. Llegó moviendo la cola como si nada.
Historias reales
Cada traslado termina igual: alguien abre una puerta. Estas son algunas de las familias que ya están juntas otra vez.
Luna tiene catorce años y no quería arriesgarla. La veterinaria de Vuelapatas nos armó un plan aparte, con revisión el día antes y el día después.
Los papeles entre estados me tenían loca. Se encargaron de absolutamente todo y yo solo tuve que abrir la puerta. Thor ya corre en el patio nuevo.
Un conejo en un avión parecía imposible. Encontraron la aerolínea que sí lo aceptaba y salió dos días después de que llamara.
Kiwi es un loro y grita cuando se estresa. Viajó en furgoneta con paradas cada tres horas y llegó más tranquilo que yo.
Dos perros y un gato, y nos avisaron con dos días. Nos dijeron que sí el mismo día que llamamos y salieron esa misma semana.
Once años de puertas que se abren
¿Quieres ser la siguiente historia?
Empieza por una llamada. Sin compromiso y sin letra pequeña.